Reiteradas veces hemos tratado a nuestros clientes, como eso … refiriéndonos a ellos como ingeniero, licenciado, señor, señorita, etc.

¿Pero acaso no podemos tratarlos como lo hacemos con nuestros amigos? ¿Y que ellos sientan esa satisfacción de contar con nosotros con la misma confianza como es la de contar con un amigo?  (hablando en términos laborales) y no solo como el ‘proveedor’ que resuelve sus problemas?

A lo largo de mis años en este mundo del mantenimiento de entidades financieras y comerciales o como lo conocemos actualmente: Facilities Services, como parte de un operador de Facilities Management he visitado y recorrido diferentes ciudades, pueblos, agencias bancarias y/o comerciales de organizaciones corporativas del sector retail, educación y banca,  donde me he encontrado con personal de vigilancia, operarios de servicio, funcionarios, hasta gerentes, directivos y en todos y cada uno de ellos he podido percibir que cuando se les presenta una incidencia o una emergencia técnica, requieren de un proveedor que les genere confianza y les pueda dar la solución a dicho problema para que ellos se dediquen a su negocio.

¿Pero… qué tanta es la confianza que tienen nuestros clientes hacia nosotros; sus proveedores? ¿Cómo logramos brindarle esa tranquilidad ante una eventualidad en que ya no tiene de que preocuparse porque cuenta con nosotros para ello y lo resolveremos?

Digo esto porque muchas veces (y lo he vivido), los proveedores no logran la confianza de los Clientes y dicen frases que más de uno las ha escuchado tales como: “El proveedor que vino lo malogro”, “en vez de arreglar lo dejo peor”, otra vez esos técnicos o empresa que solo malogran nada más”.

Y esto sucede muchas veces porque nosotros mismos carecemos de esa empatía inicial y no les brindamos esa seguridad, esa confianza ya que solo atinamos a ir y resolver lo que nos reportaron, y nos vamos, mas no interactuamos con el cliente, y aquí haré un paréntesis, ¿ya que ustedes dirán porque debemos interactuar con el cliente?  Y para esto les contare una pequeña historia que viví.

“Hace algunos años atrás una empresa para la que le preste servicios como tercero, después de un año de venir laborando con ellos, el gerente me llama y me dice: César necesito conversar contigo, me he reunido con mi equipo de trabajo y todos hemos coincidido en que eres tú la persona idónea para poder realizar la consolidación de todas las agencias (X Banco) del centro del país (DEPARTAMENTO JUNIN – PASCO), ya que hemos visto en ti que tienes la habilidad de ganarte a la gente (refiriéndose al cliente), ya que empatizas con ellos, y esto hace que nos prefieran y pidan directamente, en sus correos, que seamos nosotros quienes realicemos la atención, y no otro proveedor. Así que necesitaba que vaya y también haga lo mismo con el personal de esa zona que hasta esa fecha la empresa no había tenido la oportunidad de ingresar a laborar ya que no se contaba con personal y mucho menos conocíamos al cliente.

Y es así que, viajé a cada ciudad  y en cada agencia que visité pude lograr empatizar con mi cliente, conociéndolo más, identificando sus necesidades, logrando que confíe en mi trabajo y en la empresa que representaba”.

Esto es lo que les quiero transmitir con este artículo: Que interactuemos más con nuestro cliente, tratemos de conocerlo más, y así hagamos que confíe en nosotros por la calidad de nuestro trabajo y que le hagamos sentir que estamos ahí para apoyarlo ante cualquier deficiencia que se pueda originar, e incluso alertarlo de alguna incidencia y/o peligro que él no haya identificado, pero nosotros sí.

A quien no le gustaría que cuando lleguemos a realizar un trabajo nos llamen por nuestro nombre y nos digan: “Que buen trabajo hiciste, Juan, Frank, Eduardo, Luis, Judy, Mario, Junior, John, Pablo, Maria, Roberto, Willy, Johan, Dante, Harold, Aarón, etc, etc.., por eso confió en Uds. TGESTIONA”…….a quien no verdad ?

Por ello más que un cliente….un amigo!

Escrito por:

César Nelson Cueva Farro